Una pregunta poderosa es aquella que provoca reflexión. No busca información superficial, sino comprensión profunda. Se formula para descubrir, no para confirmar. Una buena pregunta: Es abierta, invita a explicar, no a responder “sí” o “no”. Es específica, no genérica. Está enfocada en el cliente, no en el producto. Hace pensar, no

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