Las mayores carencias no están en la tecnología, sino en las personas. La falta de herramientas adecuadas, el escaso engagement y la optimización insuficiente de los equipos son los puntos débiles más frecuentes. Mientras las empresas destinan millones a la IA y plataformas omnicanal, descuidan a los empleados que deben garantizar que cada interacción funcione.

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